Una mezcla que renueva la tradición



“…la fotografía sería la única que está exclusivamente constituida y ocupada

por un mensaje, que agotaría por completo su ser…”

Roland Barthes.

La exposición: Arroz con mango: fotografía analógica de jóvenes fotógrafos cubanos, reúne a 14 creadores cuya comunidad descansa en su nacionalidad y en el uso de cámaras analógicas para la realización de sus fotografías.

Desde estas condiciones nos podríamos preguntar: ¿Qué motiva a estos jóvenes? ¿Qué les interesa? ¿A qué mundo social, cultural o del propio discurso del arte se acercan, cuando han decidido apelar a esa forma tradicional de hacer su obra?

En el statement del proyecto, su curadora Sarah Bejerano nos brinda una pauta sobre la que descansa esa decisión: “…En una época como la que vivimos, donde triunfa la inmediatez de las imágenes, tanto en su creación como en su consumo, se convierte en un acto de rebeldía ahondar en el universo del trabajo en analógico, en donde la espera y el detenimiento se convierten en las herramientas fundamentales del artista”

Es cierto que lo analógico como dispositivo fotográfico, se les distancia de su espacio temporal y de las vivencias culturales que los rodean, no obstante, será el elemento que los una, al darles la posibilidad de acercarse a la visualidad que lo analógico genera y a las características que lo identifican como forma de creación.

Acoplar los intereses y vivencias de este grupo de creadores, alrededor de un medio, no por tradicional menos poderoso, puede significar a su vez, un riesgo para el curador que ha gestado una muestra, en la que van a coincidir poéticas diferentes y temas variados, sostenidos en una visualidad que se nos hace lejana, quizás por su realismo o por su veracidad.

A su vez, este encuentro tan particular y escaso, se vincula con una frase que como parte de la cultura oral, tiene la sabiduría y la gracia que posee el lenguaje popular, y ello ayudará para que lo que suceda en él, este acompañado de la jocosidad y la vitalidad de una expresión que alude a determinada circunstancia personal o social.

Sin embargo, será el hecho que sitúa al espectador ante la belleza y el encanto de lo analógico, lo que permitirá que esa frase que identifica la exposición cobre sentido, porque en cualquier evento social en el que las partes que lo integran apuntan en diferentes direcciones, se formará, inevitablemente “un arroz con mango” que será difícil de controlar.

Por todo lo señalado, es casi seguro que nuestra mirada se sorprenda, al encontrarnos ante una estética ajena al universo cotidiano de imágenes que nos rodean, permitiéndonos recordar algo un poco olvidado: la magia originaria de lo real.

Magaly Espinosa